
Las interesantes expectativas de su implementación; la riqueza de frutas, legumbres y alimentos vegetales con que cuenta Chile y la experiencia e información obtenidas en seis años de operación del Proyecto Ciencia, Vino y Salud de la Universidad Católica de Chile (www.bio.puc.cl/vinsalud), llevó al equipo, dirigido por el investigador Federico Leighton , a dar vida a la iniciativa PAM-Chile “Programa Alimentario Mediterráneo en Chile” ®, proyecto FONDEF de CONICYT, que se desarrolla en el Laboratorio de Nutrición Molecular de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
El proyecto, que cuenta con la participación de académicos de las Facultades de Ciencias Biológicas y Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile, además de investigadores de otras universidades nacionales e internacionales, se inició el 4 de noviembre de 2004 y tiene una duración de 3 años y busca contribuir al fomento de una alimentación saludable, basada en las dietas mediterráneas, con particular atención en su influencia sobre daño oxidativo y antioxidantes.
Una componente importante fijada por los investigadores, es promover el desarrollo del sector agro-alimentario nacional en productos que posean propiedades saludables. Para ello, el equipo ha desarrollado una interesante gama de servicios de asesoría y laboratorio, dirigido a las empresas del sector, con énfasis en aquellos productos con proyección internacional.
Un ejemplo de esto último lo constituye la industria del Vino. El enorme potencial de la iniciativa, llevó a que la Asociación de Viñas de Chile A.G., decidiera apoyar el proyecto. En 1999, Federico Leighton e Inés Urquiaga editaron el libro “Salud Pública y Consumo Moderado de Vino”, que como indica el título, informa sobre el impacto en el organismo de la ingesta de esta bebida alcohólica.
“El vino es un producto emblemático y este proyecto permitirá apoyarlo, pero a la vez permitirá extender la aplicación de una metodología probadamente exitosa, al apoyo de otros productos alimentarios chilenos que, en forma general e interesantemente, son aquellos que otorgan las cualidades saludables a las Dietas Mediterráneas”, explica Leighton.
¿Cómo es la dieta Mediterránea?
Aunque las investigaciones realizadas muestran que no existe una dieta mediterránea única, ya que los productos varían bastante de un país a otro, se puede establecer que la Dieta Mediterránea se basa fundamentalmente en el consumo de aceite de oliva, frutas y verduras, legumbres, cereales, pescado y lácteos (que originalmente eran los provenientes de la cabra).
Investigando los componentes de esta dieta por separado se ha visto que todos ellos contribuyen a explicar la reducción del riesgo cardiovascular, así por, ejemplo, la grasa monoinsaturada del aceite de oliva, la grasa omega 3 de cadena larga propia de los animales marinos, y la grasa omega 3 de cadena mediana en los vegetales, la fibra y antioxidantes de las frutas y verduras.
A ello hay que agregar el menor riesgo de neoplasias asociadas al consumo de estas últimas. Hasta los yogures tradicionales que también son consumidos en esta dieta, presentan beneficios para la salud. Se ha visto que las bacterias del yogur actúan protegiendo nuestro tubo digestivo y mejorando la función de nuestro sistema inmune. Muchos de estos elementos actúan en forma sinérgica para proteger de los riesgos a la salud, por ello es apropiado considerarlos todos en un solo concepto de dieta, la Dieta Mediterránea, que además es bastante parecida a la dieta tradicional del campo y costas de Chile.
¿Cómo estamos en Chile?
Aunque no existen estudios recientes acerca nuestros hábitos nutricionales, se puede afirmar que la dieta chilena es semejante a las mediterráneas. Las cantidades de cada alimento que consumimos están dentro de las variaciones propias del patrón de alimentación mediterráneo.
Una excepción, señala Leighton, es el alto consumo de azúcar, relacionado directamente con los problemas de obesidad de nuestra población. “Consumimos 80 litros al año por persona de bebidas gaseosas (excluyendo las aguas minerales) en promedio una lata de bebida al día que contiene 40 gramos de azúcar, es decir, ocho cucharadas chicas. Un record mundial junto a un par más de países, del que no nos podemos enorgullecer”.
Asimismo, aunque el consumo de aceite de oliva es bajo en nuestro país, las estadísticas muestran un aumento de su uso en Chile. “Como contraparte, agrega el investigador, Chile es productor y consumidor de paltas. Dado que éstas son una excelente fuente de grasas monoinsaturadas y antioxidantes, compensamos así, en parte, el bajo consumo de aceite de oliva”.
Respecto de las voces que advierten del alto costo de este tipo de dieta, leighton explica que en el caso de Chile, “los alimentos mas abundantes en esta dieta son los productos de origen vegetal, como frutas, verduras y legumbres, productos que no son caros en nuestro país. Claramente el consumir legumbres en vez de carne es más económico”.
Para el director del proyecto, nuestro país debe incentivar el consumo de frutas, verduras y legumbres, aumentar su consumo de pescados y mariscos, a al menos dos veces por semana; limitar el consumo de leche a descremada y productos fermentados, sin azúcar; disminuir el consumo de azúcar y bebidas azucaradas; y volver a los que han sido nuestros guisos y ensaladas tracdicionales.
Con estas pocas recomendaciones, sentencia el Leighton, “podríamos acercarnos a un país que no sólo tiene un estilo de vida saludable, sino también que exporta muchos de los alimentos que para esto son necesarios. Un país sano que exporta salud”.
Si desea tener mayor información acerca de este tema y el proyecto que está trabajando en su emplementación, le invitamos a visitar el sitio web: http://www.pam-chile.cl
Visto en: http://www.pam-chile.cl


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